sábado, abril 14, 2007

Huérfanos de la tormenta

Si existe un género musical maldito, ese es el rock duro. Denostado por conservadores y timoratos, no ha contado con mejor opinión en las filas progres.

Los primeros, anclados en una visión pacata y autoritaria de las costumbres, siempre han desconfiado de unos melenudos que encarnaban mejor que nadie la decadencia moral de Occidente. Por no hablar de los nostálgicos de los autos de fe, abrazados a la falsa leyenda negra satánica.

En esas condiciones, los heavies podrían haber sido convertidos en bandera de la secta de la izquierda. Nada más lejos de la realidad, pues estamos hablando de músicos, no de titiriteros. De profesionales, no de demagogos. De esforzados de la carretera, no de intelectuales de diseño. De gente auténtica, no de pijos travestidos de rebeldes.

Se les ha criticado que sus letras sólo sean evasivas, volcadas en lo fantástico (Iron Maiden)o en lo amoroso (Whitesnake), y no en el totem de "lo social".
Quizás los bienpensantes estén pasando factura de alguna manera por el pequeño granito de arena que aportaron en los años 80 muchos grupos heavies a la caída del Muro de Berlín, un tema que merecería un estudio aparte. La devoción con la que se recibía a Pink Floyd o Judas Priest en Polonia, Hungría o Checoslovaquia, era un botón de muestra del nada discreto encanto que Occidente suponía para los habitantes del "paraíso proletario". Se entiende que a sus nostálgicos no les hicieran ninguna gracia.

Pero los viejos rockeros nunca mueren. Ha llegado a mis oídos el último disco de Whitesnake "Live...in the shadow of the blues" (2006) y ha sido como entrar en el túnel del tiempo, recuperando una época de autenticidad, talento y energía, sin edades ni etiquetas.

Una banda conjuntada como pocas, donde cada uno de sus componentes entrega su virtuosismo en beneficio del conjunto. Una voz mágica, la de David Coverdale, por la que parece que no ha pasado el tiempo, y como no, la incondicional comunión con el público, en un rito taumatúrgico y purificador. Canciones inmortales, que nos hacen recorrer casi toda la historia del rock desde los primeros años 70 (Burn, Stormbringer, a lo Deep Purple), al más bestial heavy metal de Still of the night o Bad Boys, pasando por baladas escalofriantes como Is this love o por el más puro blues de Ain't no love in the heart of the city.

El panorama actual del rock duro, pese a todo, es alentador. Su nueva edad de oro la está viviendo en los países escandinavos. Una nueva hornada de jóvenes con una formación clásica apabullante están renovando el género y, aunque España siga al margen, haciendo furor en Japón y los EE.UU. Con el precedente del "guitar heroe" sueco Yngwie Malmsteen nos han venido del norte los violoncellos eléctricos de Apocalyptica o la clase de Sonata Artica.

Pero los que ya vamos para la cuarentena no olvidamos a los huérfanos de la tormenta, como dice la vieja canción de Santa:

Lentamente se apagó
una estrella solitaria en el cielo
veinte años de carretera
sus espaldas ya se sienten cansadas.
Una nueva moda los echó,
se vieron vencidos sin luchar

Son los huérfanos de la tormenta,
primogénitos de la fe.

No guardaron sus guitarras,
no quisieron enterrarlas en vida.
No cambiaron por corbatas
sus vaqueros desgastados al viento.
Mostraron el camino a seguir,
hoy están en mi recuerdo una vez mas.

Son los huérfanos de la tormenta,
primogénitos de la fe.

3 Comments:

At 4:49 PM, Blogger snipfer said...

La gente se cree que "esa gente" que se dedica al rock heavy y similares no saben más que gritar, si bien lo cierto es que tienen mucha más formación musical tanto instrumental como de voz, que todos los cantantes de pop que hay por ahí sueltos.

 
At 9:32 PM, Blogger El Cerrajero said...

La verdad es que me importa poco quien no sepa apreciar y disfrutar una de la mejor manera de entender la música.

Y mejor el Hard Rock que el Heavy Metal, todo sea dicho.

 
At 9:56 AM, Blogger Germánico said...

A principios de los 90 recuerdo que esa música se oía mucho en España. Los buenos grupos de heavy o Grunge podían confiar todvía en llenar un estadio. Hoy hay mucha chachada, se escucha mucho más a cantantes de diseño, prefabricados, con bobas y alambicadas escenografías y coreografías, todo artificial y superficial, tipo OT.

Es posible que en esto haya influido mucho la expansión de las redes de información.

 

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