viernes, julio 07, 2006

Abdicando, que es gerundio

La baraja se ha roto. Con la foto de familia ETA/PSOE ya no hay lugar para autoengaños o tibiezas. La ofensiva conjunta de la izquierda y el nacionalismo contra la media España que no está dispuesta a plegarse a sus dictados ya estaba iniciada desde hace tiempo, pero desde ayer adquiere rango formal.

¿Y qué hace quien se supone que debería ser "el símbolo de la unidad y permanencia del Estado, árbitro y moderador del funcionamiento regular de las instituciones" según el artículo 156 de la Constitución Española?. Nada. Un verano más a navegar a Mallorca, a bordo del Bribón. Si el árbitro no arbitra cuando uno de los contendientes vulnera las más elementales normas del juego, ni modera a un Gobierno enloquecido y radical que se precipita (nos precipita) al abismo de la rendición ante los asesinos, entonces hay que cambiar de árbitro y moderador. ¿Cómo?.

Siguiendo a Jesús Cacho, la independencia del Rey se halla seriamente comprometida a causa de sus amistades peligrosas. Como Escarlata O'Hara, un día juró nunca más volver a pasar hambre, y a buena fe que lo ha cumplido. Polanco sabe cosas, y el monarca sabe que don Jesús lo sabe. Sólo la abdicación puede romper este círculo vicioso (y tampoco esto lo garantiza del todo).

La alternativa no es otra que la III República, pero esto es precisamente lo que buscan los que están provocando la voladura (y no es sólo una metáfora) del régimen constitucional. Si la II se fue con sangre, la III llegará con 192 muertos detrás.

¡Quién nos iba a decir a los que teníamos 10 años cuando se aprobó la Constitución que íbamos a presenciar cosas que nos helarían la sangre! Lo trágico es que, ahora, las batallitas de nuestros abuelos (de un lado y de otro) no resultan tan lejanas, tan inverosímiles, tan...anacrónicas, sino perfectamente repetibles.

Si a Juan Carlos I le queda un mínimo de dignidad y de respeto por el pueblo español es el momento de que denuncie la liquidación de la Nación de la cual es Rey, por dolorosas que sean las consecuencias que ello le vaya a acarrear. Mucho más dolor nos están causando a todos los enemigos de nuestra patria, y al final de todos modos van a prescindir de Su Majestad.

¿Y Felipe?. Una incógnita, pero también una esperanza. Qué pena, a qué poco aspiramos ya.

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Tucco/Rolón