Gomaespuma: triste mimetismo progresista
Muchos de mi generación recordarán con nostalgia los años dorados de la mítica Antena 3 de Radio. Aquella inusual mezcla de talento, juventud y rabiosa independencia no podía ser tolerada por el felipismo a la sazón imperante, y el “antenicidio” fue la respuesta de un poder absoluto a las voces que lo incomodaban, aupándose la Cadena SER a lo más alto de la audiencia por la expeditiva vía de comprar y cerrar al hasta entonces líder.
Aunque muchos de los profesionales recalaron en COPE, donde hoy en día podemos disfrutar de un atípico oasis de libertad en un entorno de sumisión al progresismo imperante, otros optaron por acomodarse a la nueva situación, mimetizándose con el entorno en busca de una existencia más cómoda y/o más lucrativa.
El ejemplo más doloroso del caso anterior lo encontramos en el dúo Gomaespuma (Guillermo Fesser y Juan Luis Cano). Desarmado y cautivo el ejército de las ondas libres, ellos no tuvieron más remedio que poner su genialidad al servicio del boss en M80 Radio. Hasta ahí, nada que objetar: con las cosas de comer no se juega y el miedo es libre. Lo penoso fue verlos (o, mejor dicho, oírlos) convertidos en una factoría de tópicos progres, destilando rencor no hacia quienes cerraron ominosamente la emisora que les dio la oportunidad de triunfar, sino hacia todo lo que sonara a liberalismo, capitalismo, derecha o Partido Popular.
Con el paso de los años, su humor surrealista e iconoclasta sólo puede ser extraído bajo gruesas capas de vulgares concesiones a lo políticamente correcto. El tufillo izquierdista no ha disminuido, más bien al contrario, una vez que el dúo ha abandonado el Poder Fáctico Fácilmente Reconocible y se ha pasado las tibias aguas de Onda Cero.
A pesar de todo, el otro día decidí hacer de tripas corazón y concederles la enésima oportunidad para que volvieran a entusiasmarme, como en los irrepetibles años de Antena 3. Apenas llevaba oídos 5 minutos de programa cuando aludieron a un castigo que iban a someter a un personaje ficticio. Se trataba de desterrarlo a algún sitio, y lo primero que les vino a la cabeza fue Castellón. Como un resorte, Guillermo terció desechando la idea, pues “bastante tenían los pobres castellonenses con el hecho de que Aznar veraneara en Oropesa del Mar”. ¿A cuento de qué viene ese presunto chiste, cuando Aznar hace tiempo que no es nadie en el plano público?. Fuera ya de partidismos, ¿no esto un síntoma de que el odio anida en sus corazones y guía todos los pasos de los nunca mejor dicho “titiriteros filósofos”?
Como muy acertadamente señala Juan Carlos Girauta en el último número de La Ilustración Liberal: “Los catalanes nacemos solidarios y progresistas. Por tanto, declararlo no aporta mucho, es una ingenuidad. Si un artista es entrevistado en televisión y quiere marcarse un tanto seguro, tiene que ir un poco más allá. Insultar a Aznar, por ejemplo, sin que venga a cuento, o a Ana Botella. Nunca falla”.
Sólo tenemos que cambiar lo de “catalanes” por “españoles” y ya tenemos extrapolado el deprimente panorama mediático en todo el país.
Por suerte, siempre nos quedará el Grupo Risa. ¡Ánimo chicos, que vosotros sí que sois los mejores!


