miércoles, diciembre 07, 2005

Gomaespuma: triste mimetismo progresista

Muchos de mi generación recordarán con nostalgia los años dorados de la mítica Antena 3 de Radio. Aquella inusual mezcla de talento, juventud y rabiosa independencia no podía ser tolerada por el felipismo a la sazón imperante, y el “antenicidio” fue la respuesta de un poder absoluto a las voces que lo incomodaban, aupándose la Cadena SER a lo más alto de la audiencia por la expeditiva vía de comprar y cerrar al hasta entonces líder.

Aunque muchos de los profesionales recalaron en COPE, donde hoy en día podemos disfrutar de un atípico oasis de libertad en un entorno de sumisión al progresismo imperante, otros optaron por acomodarse a la nueva situación, mimetizándose con el entorno en busca de una existencia más cómoda y/o más lucrativa.

El ejemplo más doloroso del caso anterior lo encontramos en el dúo Gomaespuma (Guillermo Fesser y Juan Luis Cano). Desarmado y cautivo el ejército de las ondas libres, ellos no tuvieron más remedio que poner su genialidad al servicio del boss en M80 Radio. Hasta ahí, nada que objetar: con las cosas de comer no se juega y el miedo es libre. Lo penoso fue verlos (o, mejor dicho, oírlos) convertidos en una factoría de tópicos progres, destilando rencor no hacia quienes cerraron ominosamente la emisora que les dio la oportunidad de triunfar, sino hacia todo lo que sonara a liberalismo, capitalismo, derecha o Partido Popular.

Con el paso de los años, su humor surrealista e iconoclasta sólo puede ser extraído bajo gruesas capas de vulgares concesiones a lo políticamente correcto. El tufillo izquierdista no ha disminuido, más bien al contrario, una vez que el dúo ha abandonado el Poder Fáctico Fácilmente Reconocible y se ha pasado las tibias aguas de Onda Cero.

A pesar de todo, el otro día decidí hacer de tripas corazón y concederles la enésima oportunidad para que volvieran a entusiasmarme, como en los irrepetibles años de Antena 3. Apenas llevaba oídos 5 minutos de programa cuando aludieron a un castigo que iban a someter a un personaje ficticio. Se trataba de desterrarlo a algún sitio, y lo primero que les vino a la cabeza fue Castellón. Como un resorte, Guillermo terció desechando la idea, pues “bastante tenían los pobres castellonenses con el hecho de que Aznar veraneara en Oropesa del Mar”. ¿A cuento de qué viene ese presunto chiste, cuando Aznar hace tiempo que no es nadie en el plano público?. Fuera ya de partidismos, ¿no esto un síntoma de que el odio anida en sus corazones y guía todos los pasos de los nunca mejor dicho “titiriteros filósofos”?

Como muy acertadamente señala Juan Carlos Girauta en el último número de La Ilustración Liberal: “Los catalanes nacemos solidarios y progresistas. Por tanto, declararlo no aporta mucho, es una ingenuidad. Si un artista es entrevistado en televisión y quiere marcarse un tanto seguro, tiene que ir un poco más allá. Insultar a Aznar, por ejemplo, sin que venga a cuento, o a Ana Botella. Nunca falla”.
Sólo tenemos que cambiar lo de “catalanes” por “españoles” y ya tenemos extrapolado el deprimente panorama mediático en todo el país.

Por suerte, siempre nos quedará el Grupo Risa. ¡Ánimo chicos, que vosotros sí que sois los mejores!

jueves, diciembre 01, 2005

Adictos a la mordaza

Me pregunto cómo puede quedar aún gente que se sorprende al comprobar que desde la izquierda se atropella la libertad de expresión. La hegemonía del pensamiento progresista ha moldeado muchos de nuestros resortes mentales, y las críticas de numerosas personas de bien al nuevo totalitarismo suelen ir acompañadas del doble reproche de haber traicionado a las tradicionales ideas de la izquierda. Lo mismo sucede con la política económica. Si escandaliza la corrupción, más aún por tratarse de un Gobierno “progresista”.

La realidad es que el liberticidio y la corrupción no se perpetran por el poder a pesar de ser de izquierdas, sino sobre todo a causa de ello. Ambas son inherentes a cualquier ideología que en su núcleo conceptual albergue el intervencionismo y la sacralización del Estado como herramienta para alcanzar las utopías que históricamente se han demostrado siniestras.

No puede decirse, sin embargo, que el monopolio de la mordaza corresponda al PSOE y sus socios, pues la política de medios del PP resultó nefasta. Sucumbiendo a sus seculares complejos, se arrodilló ante Polanco y, todo lo más, intentó crear un imperio alternativo, pretendiendo silenciar a las pocas voces independientes.

La actual campaña contra la COPE no es más que una muestra de la irresistible tentación amordazadora que subyace a todo poder, mayor cuanta más vocación intervencionista tenga. No lo pueden remediar. Estos iluminados no soportan la menor crítica, y no descansarán hasta que no hayan amordazado a quienes no pensamos como ellos. Es su vocación y a nadie debería extrañarle.

Tampoco sorprende la más que tibia reacción del resto de medios de comunicación que, salvo honrosas excepciones, han preferido mirar para otro lado, demostrando lo poco que les preocupa la libertad de expresión y lo mucho que tienen de portavoces del poder.

Pese a todo, la ejemplar reacción de los oyentes de COPE servirá para parar este penúltimo golpe a la libertad, pero nada habremos avanzado si no cambia la mentalidad del resto de la sociedad, concienciándose de la trascendencia del tema. En el fondo del asunto está el siniestro sistema de concesiones administrativas necesarias para poder emitir, fuente de todas las corrupciones y chantajes.

mario@portalmeria.com