viernes, octubre 07, 2005

El metro madrileño...y el kilómetro magrebí

Mientras la psicosis se apodera de los usuarios del Metro de Madrid porque un desconocido empujó a una chica al paso del tren, nadie parece alterarse por el caso de un magrebí que en Murcia ha asesinado a una chica y herido a otras tres en plena vía pública.

En contraste con el gran despliegue ante cualquier caso de violencia doméstica, o por el extraño suceso del metro, los medios de comunicación parecen pasar aquí casi de puntillas, por el solo hecho de que el agresor pertenece a lo que eufemísticamente se denomina “minoría étnica”. Se adivina detrás la consigna, nada velada, de no excitar los ánimos de la gente para no provocar brotes de racismo y xenofobia.

Además, en el tratamiento de esta noticia, volvemos a encontrarnos con la vieja táctica de enfocarla a través de la presunta enfermedad mental del protagonista. Anteriormente habíamos sido testigos de esta sibilina forma de proceder de nuestra concienciada clase periodística durante los sucesos de El Ejido del año 2000. Tertulianos, columnistas y redactores militantes en la corrección política insistían de forma machacona en que el marroquí que apuñaló a la joven Encarnación en el mercado de Santa María del Águila era solo un perturbado, como si así pretendieran disculpar el hecho.

Lo que ninguno de estos progres de salón dicen es que esa teoría puede alegarse para atenuar la responsabilidad individual de esos asesinos pero también agrava notablemente la responsabilidad social de todos aquellos que, por acción o por omisión, están tolerando, encubriendo y fomentando la invasión de nuestro país por una legión de inmigrantes ilegales no sometidos a control alguno de antecedentes penales, sanitarios o psiquiátricos.

Entre tiranos las ideas son fácilmente exportables, y la avalancha de dementes y de delincuentes comunes hacia Miami provocada por Fidel Castro en los años 80 parece ser el modelo que el sultán viene llevando a cabo para limpiar su casa mandando la mugre al vecino de arriba. Todo sea por la alianza de las civilizaciones.