Triste historia de pequeños sobornos cotidianos
En la más gloriosa tradición de la picaresca española, un espabilado ha conseguido elevar el “Usted no sabe con quién está hablando” a la categoría de arte, al estafar más de 3.000 € en un hotel de la costa almeriense haciéndose pasar por el fiscal jefe de la Audiencia de Sevilla.
A los españoles parece deslumbrarnos el contacto con gente importante. Sólo así se explica que el impostor consiguiera que varios clientes y empleados del hotel le prestaran dinero, e incluso le pagasen los 300 euros de un vehículo de alquiler.
Una entrañable historia en la que también queda de manifiesto el concepto que los ciudadanos tienen de la Justicia. ¿Qué le hace a varios fulanos prestarle dinero por la cara a un tipo al que no conocen? Nada de buenos samaritanos. Más bien que, por lo que pueda pasar, siempre es bueno tener amigos o conocidos influyentes que le puedan echar una mano a uno. Farruquito podemos ser todos. Algunos, incluso, pueden llegar a “Narco volador”. Señor fiscal jefe, no pida una condena tan grave para mí, y acuérdese que yo una vez le presté 100 euros en aquél hotel tan coqueto.
A este pobre diablo sabemos que lo han pillado con las manos en la masa, sin que pueda alegar en su descargo la elegancia social del regalo. Lo que nunca sabremos es cuántos delos favores que se prestan a auténticos jueces, políticos y altos funcionarios sí surten efecto, y resultan recompensados con creces.
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