domingo, enero 30, 2005

ZP se va al cine

Mañana se celebra la primera edición de los Premios Goya tras la restauración socialista. «Adivina Quién Viene esta Noche». Desafiando la hora tardía de la gala, en un momento del día en el que él ya suele estar durmiendo en La Moncloa, aunque sea a costa de dejar plantado al Gobierno polaco, ZP ha decidido esta vez aprovechar la ocasión para aparecerse en carne mortal.

«Sí Hay Motivos» para agradecer a su séquito en la «Corte de Faraón» su inestimable colaboración en el 14-M. Los progres cazarrecompensas agradecerán el gesto, pero lo harán aún más si viene acompañado del vil metal. Si hace años la bandera de la izquierda era pedir «Tierra y Libertad», sus legítimos sucesores se conforman con exigir subvenciones y programas en TVE.

Un baño de multitudes agradecidas que a buen seguro envidiaría el Ministro de Defensa, tan falto de cariño él después del montaje de su falsa agresión, que terminó con el arresto de dos «Falsos Culpables». Lamentablemente, él no podrá estar en la gran noche del cine español, pues se ha ido «Mar Adentro» a regalarle unas cuantas fragatitas al gorila colorado. Entre camaradas revolucionarios, seguro que a precio de saldo.

Quien sí estará a la diestra de ZP será la Ministra de Educación, la responsable de «La Mala Educación» de nuestros hijos, por obra y gracia de la contrarreforma que nos ha devuelto a los nefastos años de la LOGSE. Otra generación perdida, y van...

Tampoco faltará la maniquí de Cultura, la misma que acaba de declarar que si el cine español ha perdido tres millones de espectadores en el pasado año la culpa no ha sido del cha-cha-chá sino, como no, del PP.

Aunque a ZP le falte el carisma de González para ser «El Padrino», no me cabe duda de que los titiriteros filósofos lo tratarán como «Uno de los Nuestros».

Mientras, para nosotros, la media España que se resiste a morir, la película a la que estamos asistiendo desde el 14-M no es otra que «ZP-Mr. Bean: Vuelve el cine de catástrofes».

mario@portalmeria.com

sábado, enero 29, 2005

La paz: ese peligroso mito

Con frecuencia se acusa a la Iglesia Católica de usurpar festividades paganas dándoles significado cristiano, como el solsticio de verano (San Juan) o el de invierno (Navidad). E

n la España de ZP ocurre lo mismo, pero al revés. El 28 de enero solía celebrarse en el mundo académico la festividad de Santo Tomás de Aquino. Tras la admonición del edén progresista, en las escuelas se ha borrado cualquier referencia al sabio, uno de los grandes intelectuales de la Edad Media, que consiguió encardinar la filosofía aristotélica en el corazón de la teología cristiana.Los iluminados que perpetraron la LOGSE han decidido que todos los veintiochos de enero se celebre el Día de la Paz. Mira tú que hay días en el calendario, pero de lo que se trata es borrar todo rastro de la tradición humanista cristiana.

Por supuesto, el evento recibe un realce acorde a su trascendencia progresista: niños con caras pintadas de blanco, manos tatuadas con la palabra PAZ, suelta de globos y recitales de angelical poesía naïf. Seamos claros, se ha puesto en marcha la máquina de crear alevines de pancarteros, para que el día de mañana puedan gritar NO A LA GUERRA, o AZNAR ASESINO.

¿Significa esto que yo deplore que se eduque a nuestros hijos en la paz?. Nada más lejos de la realidad. Lo que no se puede hacer es banalizar la cuestión, reduciendo la paz a un mero eslogan publicitario, un «mantra» concebido para ser repetido por descerebrados. El día después del aniversario de la liberación de Auschwitz, hay que decir que esta es la vía más rápida para que el horror vuelva a repetirse. La monstruosidad más grande en la que haya caído jamás el ser humano pudo ser evitada si Hitler hubiera sido aniquilado a tiempo. No se hizo. El pretexto fue una sola palabra: PAZ.

Más práctico que soltar palomas y pintar a los niños de blanco es combatir las ideas de los enemigos de paz, en lugar de dejar que se infiltren entre nosotros como caballo de Troya. La semana próxima comienzan en las escuelas de Andalucía las clases de Islam. ¿Les hablará el imán de turno a los niños de paz, o les recordará la obligación de todo buen musulmán de seguir la yihad contra los infieles?. Quizás sean más moderados, y sólo se ocupen de cuestiones domésticas, como la forma de pegar a las mujeres sin dejar huella.

Por muy tópico que suene, «si vis pacem para bellum», si quieres la paz, prepárate para la guerra.

viernes, enero 28, 2005

Estampas progresistas (I)

Estampa primera. La ingenuidad. En medio de un frío siberiano inusual en el clima de mi lugar de residencia, un niño pequeño inquiere a su joven madre sobre la causa de tal anomalía. La respuesta, llena del aplomo que se le supone a la figura materna, culpa a los malvados seres humanos por haber destrozado la capa de ozono con su mal comportamiento. ¿Nueva teología laica, o simple paganismo supersticioso?. Cualquier circunstancia sirve para remarcar el pecado original del hombre (del occidental, por supuesto). Según convenga, puede afirmarse indistintamente que el planeta sufre un calentamiento global o que nos dirigimos a una nueva edad glacial. El método científico, el de la duda y el contraste de hipótesis, cede terreno ante el retorno de los chamanes, que esta vez cuentan con cátedra universitaria y estricto pedigrí de respetables ecologistas. La joven madre es un mero eslabón que transmite hasta las nuevas generaciones la ideología antiliberal y anticapitalista del nuevo Apocalipsis, este sí, el verdadero pensamiento único.

Estampa segunda. La maldad. Cumbre de chamanes en Porto Alegre. Como no podía ser menos, el telediario de La 2 se hace eco repartiendo incienso antiglobalizador y concienciado. Entre el aquelarre, emerge una figura que parece hablar como encarnación en la tierra de alguna deidad progresista y solidaria. El premio Nóbel argentino Pérez Esquivel se dirige enardecido a la multitud culpando a los Estados Unidos por los devastadores efectos del tsunami en el Océano Índico, al haberse negado a avisar a los países afectados. ¿Por qué, pregunta el orate? Muy sencillo, se responde a sí mismo, para luego aparecer como salvadores al repartir la ayuda humanitaria.

Estampa tercera. La vergüenza. Consecuencia, tal vez causa, de la estampa segunda. El discurso de la alimaña es recogido por UN SOLO MICRÓFONO, de entre los cientos de medios acreditados en el aquelarre. En el micrófono, unas siglas familiares para nosotros: TVE. Fin del reportaje, «talantífica» sonrisa juvenil de la locutora, y a otra cosa, mariposa. Vergüenza de ser español Vergüenza de tener un Gobierno como este. Vergüenza de pertenecer a la misma especie que el canalla de Pérez Esquivel.

tucco@andaluciajunta.es

jueves, enero 27, 2005

Cuando salpica la ira

El Ministro de Defensa José Bono fue abucheado y zarandeado durante la manifestación convocada por la Asociación Víctimas del Terrorismo que reclamaba el cumplimiento íntegro de las penas para los terroristas.

Como cuestión previa, decir que muy mal debe funcionar una sociedad cuando se hace precisa la reivindicación de lo obvio. Pedir que treinta años sean treinta años desborda lo jurídico o lo político, y entra más bien dentro de lo matemático. Nada tienen que ver las triquiñuelas legales que acortan las penas de los delincuentes con el bienintencionado, aunque más que discutible, propósito de redención.

Dicho esto, merece una reflexión la valoración que han recibido los mencionados incidentes por parte de los partidos políticos y su tratamiento en los medios de comunicación. Unánime condena y repulsa, con la misma firmeza tanto por la izquierda como por la derecha. Justo lo contrario de lo ocurrido hace dos años tras las manifestaciones contra la guerra de Irak, o hace un año tras los atentados del 11-M.

Los apedreamientos masivos de sedes del P.P. a lo largo de toda la geografía española, los intentos de linchamiento, los gritos de asesinos y el acorralamiento social a sus apoderados o militantes no solamente no fueron condenados por la izquierda política y mediática, sino que en gran medida obedecieron a campañas de agit-prop perfectamente planificadas y magistralmente ejecutadas por ella misma.

Frente a lo que entonces se calificaba como clamor espontáneo de la ciudadanía, en demanda de paz y justicia, la progresía contrapone ahora los abucheos al Ministro Bono (qué forma de no hacer honor a su apellido) como muestra de peligroso radicalismo inducido por la derecha reaccionaria.

Un análisis bastardo y manipulador, marca de la casa. Más aún cuando, aun sin justificar los excesos, la causa de los abucheos no fue otra que el oportunismo de Bono al pretender subirse al carro de las reivindicaciones en un momento en que aún resonaban en los oídos de las víctimas del terrorismo las pérfidas excusas del Sr. Peces-Barba para no asistir a la manifestación.

A estas alturas, todos los socialistas ya deberían haber optado entre estar en la trinchera guerracivilista de ZP y Llamazares o renunciar a ser cómplices del Gobierno más sectario que ha visto nuestra reciente democracia. Ambas cosas a la vez no, Sr. Bono.

tucco@andaluciajunta.es

miércoles, enero 26, 2005

El retorno de las checas

Lamento cambiar el tono jocoso del artículo anterior por el de profunda alarma de este. Si antes recurría al paralelismo de Celtiberia Show de Carandell, ahora no queda más remedio que referirse al Checas de Madrid de César Vidal.

Dos ciudadanos detenidos por el sólo hecho de aparecer fotografiados en una manifestación organizada por las víctimas del terrorismo. Sin existir delito, ni denuncia previa. Esto sólo puede tener un nombre: dictadura.

Desde ahora, todos sabemos a lo que atenernos. Si a las cuatro de la madrugada suena el timbre de nuestra casa, puede que no sea un telegrama. Por el mero de hecho de escribir estas modestísimas líneas, una gota en el mar de la blogosfera, no resulta descabellado pensar que alguien te pueda estar vigilando.

Para los de la generación del Cuéntame lo de los grises y la policía política nos queda algo lejano, pero vamos a tener que ir familiarizándonos con ello. Con una gran diferencia. El linchamiento mediático que puede sufrir ahora cualquier disidente de esta dictadura del talante deja pequeños los castigos de la dictablanda tardo-franquista.

El pistoletazo de salida lo dio la siniestra campaña de acoso contra la COPE y el Grupo Risa, de la que aún no se ha disculpado el Gobierno. El esperpento de la agresión que no fue agresión a Bono les ha dado el pretexto para dar una vuelta de tuerca a la evidente política de intimidación de la sociedad civil.

Ojalá en el próximo artículo no tenga que recurrir a la comparación con otro libro, pues mucho me temo que habremos pasado al 1984 de George Orwell.

tucco@andaluciajunta.es

Pinchos magrebíes: nuevo Celtiberia show

Han pasado ya más de 30 años desde que se publicara la primera edición de «Celtiberia Show», magistral obra del desaparecido periodista, escritor y cronista parlamentario Luis Carandell. Estrafalario «museo» o «museíllo» donde las piezas, casos, perlas, joyas, cuadros, monumentos y tesoros del celtiberismo se alinean en abigarradas vitrinas, se trata de hechos reales, a menudo acompañados de documentos probatorios.

De entre todos ellos, mi favorito siempre ha sido la fotografía de una Primera Comunión en Sevilla en la que uno de los niños viste un surrealista traje de guardia civil, tricornio incluido. Sin olvidar la tarjeta de aguinaldo del enterrador de Villena (Alicante), donde felicita las Navidades posando en ropa de trabajo en su particular centro de trabajo, «por si necesitan de mis servicios». Y qué decir del formulario emitido por un catedrático para ser rellenado por los candidatos a «recomendados».

En pleno siglo XXI, al sabio de Carandell no le faltarían «perlas» dentro de la posmoderna y progresista Celtiberia de ZP. La gran diferencia es que en la actualidad el componente casposo y atrabiliario ha cedido el testigo al imperio de lo políticamente correcto. Desde los bautizos civiles o la prohibición de los villancicos para mayor gloria del laicismo, hasta la selección catalana de hockey sobre patines o la famosa pancarta del «Catalonia is not Spain» en el Camp Nou durante el último Barça-Madrid.

Paseando por Almería, hace unos días tuve la oportunidad de contemplar lo que podría ser una joya de muchos quilates para un hipotético «Nuevo Celtiberia Show». Al pasar frente a la puerta de un establecimiento, el típico bar almeriense de los del «pincho-lomo-tocineta», un sexto sentido me hizo mirar la pizarra de tapas. Tras frotarme repetidamente los ojos, comprobé que lo que veía era cierto. Entre otras celtibéricas tapas escritas con tiza blanca, resaltaba la de «Pinchos magrehbíes». Podemos verla inmortalizada en la dirección http://club.telepolis.com/mariolopez/pinchos.jpg .La apoteosis de lo políticamente correcto ha llegado ya hasta el último rincón de España. Supongo que el bueno del dueño no habrá querido ser tildado de racista y xenófobo por usar el denigrante y ofensivo término de pincho moruno, sufriendo las iras de Almería Acoge, ATIME y el Defensor del Pueblo Andaluz. Ya lo saben. Mucho ojo con frases hechas como «veo el futuro muy negro», o «me ha caído la negra» (peor aún esta última, que además de racista es sexista).

Me imagino ahora las risas de nuestros compatriotas dentro de 30 años con perlas como esta, si es que para entonces no estamos todos ya mirando a La Meca o en un nuevo «Gulag».

sábado, enero 22, 2005

Con subvenciones y a lo loco

El cine español perdió el año pasado tres millones de espectadores, en beneficio de las producciones norteamericanas. Habría que decir que ello a pesar de las generosas campañas de publicidad gratuitas desplegadas por todos los medios de comunicación, públicos y privados.

No ha tardado en escucharse la consabida retahíla de gimoteos, lamentos y quejas por parte de los eternos vividores a costa del Presupuesto, enarbolando la bandera de la excepción cultural. Para la progresía del mundo de la farándula el público es imbécil, y si no acude en masa a sus bodrios es porque está alienado por ese mismo Hollywood al que ellos acuden en cuanto pueden en actitud de servilista genuflexión.

El reino de las pantallas no es de este mundo y los espectadores, simples mortales, no somos capaces de comprender y asimilar tanto talento. Por eso el Estado, sumo hacedor en la Tierra de los designios de la divina intelectualidad, debe acudir en auxilio de la cultura con el maná de las subvenciones. Mucho abominar del becerro de oro del dinero y el capitalismo, pero a la hora de la verdad lo único que le interesa a la secta es forrarse, cuanto más mejor.

Pedía Gabriel Albiac que le dejaran ver cine español sin pagar la entrada, presentando únicamente su declaración de la renta. Por mi parte, ni siquiera cobrando estaría dispuesto a asistir a semejantes atentados contra el séptimo arte, perpetrados para mayor gloria de la sempiterna camarilla de ególatras que aburren a las ovejas.

Por supuesto que existen honrosas excepciones, como Garci o el ya retirado maestro Berlanga, e incluso películas de miembros del clan que, nos gusten o no, alcanzan el éxito popular y se autofinancian, como Mar Adentro o la saga de Torrente. Los menos.

Si todos estos farsantes actuaran en sus infames películas tan bien como fingen ante la sociedad, otro gallo les cantaría. A ellos y a nuestros sufridos bolsillos de contribuyentes.

mario@portalmeria.com

viernes, enero 21, 2005

Entre el fango y la babucha

Por si a alguien le quedaba alguna duda, la reciente visita de los Reyes a Marruecos ha terminado de aclarar cuál es la posición actual de España en el concierto internacional. Duele admitirlo, pero lo cierto es que nuestro país aparece hoy humillado, entregado y sometido a los caprichos del Sultán Mohamed VI, merced a los ímprobos esfuerzos de ZP, convertido en un conde don Julián de pacotilla con cara de Mr. Bean y sonrisa de hiena.

Nunca un viaje oficial dio para tanto. El Gobierno socialista ha cumplido su tarea: desde el apuñalamiento por la espalda a los que eran nuestros amigos saharauis, hasta la condecoración a toda una siniestra cohorte de torturadores medievales, pasando por la aprobación expresa de la inaudita entrevista al Sultán en El País, en la que se permitió insultar gravemente a un expresidente de la nación.

Infinitamente más grave que todo lo anterior es la cada vez más evidente implicación marroquí en los atentados del 11-M, por acción o por omisión. Ante la pasividad de las autoridades (de las suyas y de las nuestras) uno de los autores materiales de la masacre se pasea impunemente por las calles de Tetuán, tras ser misteriosamente interrogado por la policía marroquí.

La táctica parece clara. Cuando los moros nos sugieren que resulta imprescindible su colaboración en la lucha antiterrorista, nos están advirtiendo de una forma nada sutil de lo que nos espera en caso de no aceptar el chantaje. ¿Cuándo abriremos los ojos de una vez?.

No cabe mayor indignidad ni deshonra para España, arrojada al fango y pisoteada por la babucha del tirano, ante la indiferencia del grueso de la población. Quizás tengamos lo que nos merecemos ¿Se imagina alguien que una dictadura tercermundista pudiera ocupar parte del territorio de cualquier otro país occidental, y que su gobierno fuera tomado a chufla por emplear la fuerza para desalojar a los invasores? Nación, bandera, ejército. Oig, que horror. Para una sociedad acomodada y despreocupada, que no quiere oír hablar de problemas y conflictos, resulta más ilusionante recibir por vía intravenosa los cantos de sirena de la alianza de civilizaciones y la tradicional amistad hispano-árabe que afrontar la inquietante realidad.

Queda claro entonces porqué Gibraltar jamás será español, mientras que Ceuta y Melilla tienen sus días contados como ciudades pertenecientes a lo que un día fue España, y que quizás muy pronto sea ya solamente la federación ibérica de pueblos y naciones libremente asociados.

Mario@portalmeria.com

jueves, enero 20, 2005

Yugoespaña

No se equivocaba Chesterton cuando definía el patriotismo como el último refugio de los canallas. También podría haberlo calificado como el primero. Sin embargo, uno no puede por menos que estremecerse ante la inexorable quiebra de un marco de convivencia que ha albergado durante siglos a muchas generaciones de hombres y mujeres, unas veces cooperando, y otras matándose entre sí por cualquier pretexto, pero siempre bajo unas señas de identidad perfectamente distinguibles.

Contra toda lógica, España sobrevivió a la sangría de recursos consumidos por los Austrias en su cruzada contra el protestantismo. Más tarde, supo resistir a Napoleón y, lo que fue peor, a las cadenas de Fernando VII. En plena decadencia, el imperio de ultramar fue borrado de un plumazo, y el primer desgarro interior acaeció en forma de las tres guerras carlistas. Tampoco la revolución cantonalista durante la I República pudo tumbar la unidad nacional. Ni siquiera la Guerra Civil y los 40 años de dictadura franquista fueron suficientes para partir el alma de los españoles.

Por ello, resulta aún más asombroso que sólo 26 años, los que median entre la aprobación de la Constitución de 1978 y el Plan Ibarreche, hayan resultado suficientes para dejar herida de muerte la idea de España. La aceleración del proceso secesionista del País Vasco, merced a los votos de ETA, no marca el inicio del acoso, sino sólo el afloramiento a la superficie de una crisis larvada desde el inicio de la Transición.

Aunque finalmente no tenga lugar el prometido referéndum, o Carod Rovira renuncie a imponer el estudio del catalán en toda España en lugar de la clase de religión, el mal está ya hecho, y no habita en despachos ni en asambleas, sino en la mentalidad de una sociedad enferma. Y no me refiero únicamente al País Vasco o a Cataluña, sino al conjunto de España.

No se trata únicamente de la sistemática permisividad de todos los gobiernos democráticos ante los excesos del nacionalismo en determinadas regiones, sino también de la deriva de los 17 reyezuelos autonómicos hacia una forma subliminal de nacionalismo aparentemente blando, pero cuyos efectos se están demostrando catastróficos.

El culpable se llama Estado de las autonomías, el virus es el del hecho diferencial, y el agente inoculador es la educación. La biología y la demografía provocan que asistamos hoy a la pujanza de una generación criada en la exaltación de las peculiaridades de sus respectivas Comunidades Autónomas, por muy discutible que resulte su existencia. ¿Cómo se va a defender en Andalucía la idea de España cuando las nuevas generaciones han sido educadas en la idealización de ese gran impostor que fue Blas Infante, mientras que ignoran lo que representaron los Reyes Católicos?.

Mientras tanto, entre la irresponsabilidad de la izquierda y los complejos de la derecha, a los menos jóvenes se nos ha hecho interiorizar, casi sin darnos cuenta, la falsa asociación entre España y el franquismo. Criticar los excesos de las autonomías es sinónimo de ser un facha.

Ciertamente, los nacionalistas llevan razón cuando piden modificar el título VIII de la Constitución. No obstante, este cambio debería operar en sentido contrario de lo que piden los socios de ZP: más España, y menos reinos de taifas. Quizás sea demasiado tarde. Como afirma el Wall Street Journal, España ha sido ya balcanizada.

Mario@portalmeria.com



El día del imbécil

El PSOE de Marbella ha propuesto recientemente que dejen de celebrarse el Día del Padre y el Día de la Madre, por sus “connotaciones exaltadoras de la tradición judeocristiana”. Como corolario de tal enunciado, continúan apostillando solemnemente que “la familia de padre, madre e hijos no es la del siglo XXI”.

A lo que se ve, el denodado interés progresista en la investigación con células embrionarias ha debido dar los resultados esperados, y la clonación masiva de seres humanos reemplazará a esa arcaizante y reaccionaria institución que es la familia. Como en la inquietante novela “Los niños de Brasil”, el futuro se presenta aterrador. Triunfante el Partido Único, el Estado dedicará gran parte de sus recursos a producir en serie clones del Gran Wyoming, Pilar Bardem o Iñaki Gabilondo.

Queda por explicar porqué entonces la progresía se toma tantas molestias en trastocar la ley y el lenguaje para denominar matrimonio a las uniones homosexuales, y emprender una cruzada por su derecho a la adopción de niños. ¿No quedamos en que la familia es cosa del pasado?. ¿O se trata solamente de un paso intermedio hasta la admonición de la nueva familia ideal progresista, la coránica de padre-hijos-harén?.

Por si esto fuera poco, otros preclaros izquierdistas reclaman desde Cataluña la confiscación de los bienes de la Iglesia Católica. En particular, exigen que la Catedral de Gerona sea transformada de inmediato en “centro cívico para disfrute de los ciudadanos”.

Si al final acaban saliéndose con la suya estos “robespierres” de pacotilla, propongo nuevos festejos laicos y políticamente correctos para reemplazar a las ofensivas celebraciones judeocristianas. En particular, el Día del Imbécil, que cada año habría de premiar la iniciativa más vanguardista dentro de la infatigable lucha de la izquierda por borrar cualquier vestigio de la civilización occidental. De los villancicos laicos, a los bautizos civiles, pasando por la eutanasia casi forzosa, abundan en nuestros días los candidatos a este galardón.

El festejo podría culminar, en todas las ciudades y pueblos de las distintas comunidades nacionales asociadas al antiguo Estado Español, con espontáneas demostraciones populares de lo que en el nuevo lenguaje se denominaría como “combustión forzosa de símbolos de la opresión clerical y aplicación de la justicia revolucionaria a los elementos hostiles al talante y la alianza de civilizaciones”, es decir, quema de iglesias y persecución de curas y de opositores al régimen.

Todo esto puede parecer descabellado, pero si hace un año nos dicen que íbamos a asistir a la actual proliferación de ideas disparatadas y malintencionadas, todas encaminadas en la misma dirección, no hubiéramos dado crédito a tales fantasías. Pues bien, aquí están, y lo que al principio parecía broma ya no lo es tanto. Más allá de la memez de sus promotores, podemos intuir un estado de opinión que se ha abierto paso con fuerza en amplias capas de la sociedad. Hoy, como en los años 30, para la izquierda todo parece valer cuando se trata del acoso y derribo de esa media España que se resiste a morir.

Mario@portalmeria.com




miércoles, enero 19, 2005

Kilociclos clandestinos

Uno de mis primeros recuerdos infantiles se remonta a los últimos años del franquismo. Mi padre intentaba afanosamente sintonizar en un vetusto receptor las emisiones de onda corta de Radio Pirenaica y Radio España Libre, en busca de noticias fiables sobre el estado de salud del Dictador, que sufría por entonces una de sus postreras crisis. Por supuesto, poca gente creía por entonces en los partes oficiales, y cualquier retazo de información independiente se valoraba como merecía.

Treinta años después, me hago una idea bastante aproximada de lo que debía sentir mi padre en aquella época tan convulsa. Estas vacaciones navideñas he viajado a un pueblo de la Andalucía profunda, feudo socialista dentro una comarca socialista de una provincia inequívocamente socialista en la Comunidad Autónoma más genuinamente socialista. Como diría Pérez Reverte, “territorio comanche”. Mentalizado a resistir fieramente ante las orwellianas telepantallas de Canal Sur, Telecinco o la Primera (la 1ª en manipulación, en déficit, en desvergüenza…), mi única arma era un pequeño transistor, que ingenuamente pretendía ser el único vínculo con el mundo “libre”.

Ya adivinaba que la cosa no iba a resultar fácil. Cuando uno comete el pecado de ser oyente de la COPE, todo son inconvenientes. De hecho, ya apenas se encuentran en el mercado radios con Onda Media. Lo que no me imaginaba era que, sin saberlo, me estaba metiendo en una zona de lo que podríamos denominar “sombra radiofónica selectiva”. Las altas cumbres de la comarca no parecían suponer gran obstáculo para escuchar con calidad digital a Iñaki Gabilondo, Olga Viza o Tom Martín Benítez, pero se convertían en muros infranqueables para Federico Jiménez Losantos o César Vidal. Curiosamente, y quizás como preludio a lo que se nos avecina, sí pueden recibirse allí sin problema alguno varias emisoras en árabe.

Igual que en el póker, lo peor no es perder, sino la cara que se le queda a uno, intentando colocar el transistor en todas las orientaciones posibles, encima del armario o debajo de la mesa, para no acabar recibiendo nada más que murmullos guturales.

Rápidamente me di por vencido. El Gran Hermano Chaves ha decidido que las emisoras de FM se conceden únicamente a los amigos del Partido, y el que quiera escuchar algo diferente de la proclamación de la vigesimosexta modernización de Andalucía o los elogios al talante de ZP y a la alianza de civilizaciones no tiene otra opción más que volver a buscar en la onda corta Radio París o la BBC Internacional. Como no soy muy ducho en idiomas, sólo pude optar por hibernar temporalmente el cerebro, a la espera de que pasara el crudo invierno mediático.

De vuelta en Almería, lo primero que hice fue abalanzarme hacia el dial de la COPE, consciente de lo frágil que es la libertad, y de lo escasa que resulta en grandes espacios de la geografía española. Por lo que a mí respecta, seguiré luchando por ella, en la medida de mis escasas posibilidades.

Mario@portalmeria.com